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jueves, 8 de mayo de 2008

Pasillo y ¡paseillo!

Exhibición. Un Madrid resacoso tras el título de Pamplona pero con ganas de alargar la fiesta unos días más despedazó sin piedad a un Barcelona (4-1) que vino al Bernabéu a pasar la noche. Desarrollando un juego más propio de un equipo de Segunda, los de Rijkaard dieron todo tipo de facilidades para que el Real Madrid, sin poner tampoco toda la carne sobre el asador, ridiculizara a los azulgrana. El pasillo quedó en mera anécdota, y por más que la prensa se hubiera empeñado en advertirnos de que el Barça saldría al campo con una camiseta de apoyo a Gaby Milito esto no fue así. Los culés salieron con su camiseta habitual, y los blancos no se regocijaron en su momento de gloria, sino que agradecieron al rival su cortesía.

El Madrid fue dueño y señor del partido en su totalidad. El resultado de 4-1 se me antoja corto para todas las oportunidades de las que disfrutaron los merengues. Raúl hizo el primero con un magistral disparo colocado en la cepa del poste. Minutos más tarde Robben haría el segundo de cabeza (y ya van dos seguidos, vaya con el tulipán). En la reanudación, y nada más salir al terreno de juego, el Pipita seguía engrosando su estadística de los finales de campaña, tras jugadón de un 'cuasi' perfecto Diarrá. La vuelta de Ruud a los 'ruedos' se tornaría temprano en dulzona, con un gol de penalty tras una dudosa e infantil mano de Carles Puyol. Henry minimizaría el ridículo blaugrana con un buen gol que pilló adelantados a Casillas y a sus dos centrales.

Como digo la paliza pudo ser mucho mayor, ya que Sneijder, Gago y Diarrá rozaron la perfección en el centro del campo. Añadido esto a la desgana y parsimonia azulgrana, el centro del campo era una plaza de creación de juego con una sola dirección: la meta de Victor Valdés. El Madrid recompensó a los aficionados que llenaron el estadio y aguantaron un aguacero constante durante todo el partido con una verdadera exhibición ante el máximo rival.

No me gustaron acciones muy feas, como una patada de Henry a Pepe, por detrás, y sin opción (ni intención) de llegar a la bola. O otra de Silvinho, quien bien pudo hacer tortilla francesa con las partes nobles de Sergio Ramos. Me quedo también con la cara de Victor Valdés, quien parecía llorar tras la humillación recibida y el Zamora tirado a la basura. O con la cara de Rijkaard, que no sabemos si había estado haciendo de las suyas con la hierba o es que le daba mucha pena el partido. Pero la actitud que más me impactó fue la de Xavi, un tío que siempre sabe mantenerse frío, perdió los papeles y fue expulsado por decirle algo al árbitro. Abandonó el terreno de juego totalmente desquiciado dejándole otro recadito al cuarto asistente. En fin, Barcelona, que también hay que saber perder.

Vimos el pasillo... ¡pero también un buen paseillo!
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