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sábado, 3 de noviembre de 2012

Mucho control, poca profundidad

Control del balón, mucho toque, pero escasa profundidad. Eso es lo que fue el Numancia de Machín ante un Villarreal con más nombres que juego. Los rojillos controlaron muy bien el partido, sobre todo en la primera mitad, con un imperial Sunny y con la línea de mediapuntas muy participativa (Nieto, Natalio y Julio Álvarez). Sin embargo, nadie aportaba la profundidad deseada para generar buenas ocasiones de gol. Los interiores son más segundos delanteros que jugadores de banda, y eso se nota. Julio Álvarez contemporiza más que busca huecos para generar ocasiones. Y Juanjo, sin balones con ventaja, solo puede jugar para la línea de atrás y conseguir segundas jugadas.

El Numancia mereció los tres puntos por juego, pero no por ocasiones. Solo tuvo una clara en la primera parte, con un cabezazo en caída de Sunny al poste, con Diego Mariño ya batido. La segunda parte fue otra historia. El Villarreal subió el ritmo y se hizo con el balón. El Numancia intentaba salir a la contra pero la falta de profundidad ya evidenciada impedía cualquier ocasión posible. La banda izquierda numantina (Satrústegui) comenzó a hacer aguas en defensa, y con la entrada de Hernán Pérez el Villarreal comenzó a llegar con pegada a la meta de Iago Herrerín.

Machín movió el banquillo sin hacer grandes cambios tácticos. En primer lugar introdujo a Airam Cabrera por Juanjo en el minuto 58, un cambio que no aportó nada al juego numantino dado el paupérrimo nivel del jugador rojillo. Más tarde, Machín se la jugó metiendo un mediapunta (Bedoya) por un centrocampista defensivo (Nagore) y trató de dar más profundidad por banda derecha con la entrada de Cedrick por Nieto. La apuesta no le salió bien al Numancia, ya que dejó más espacios para las contras del submarino amarillo, y en una de esas, Hernán Pérez entró al área rojilla con suma facilidad, y cedió atrás para que el recién incorporado Trigueros batiera a placer a Herrerín.

El Numancia sacó entonces más casta que juego y gracias a Bedoya tuvo la profundidad ansiada. El gol del empate llegó a balón parado, en un córner sacado por Julio Álvarez desde la derecha que cabecearon entre Juanma y Bruno Soriano. El Numancia equilibaraba el marcador a falta de 3 minutos para el final, un empate que no servía para mucho dada la situación clasificatoria, pero el cual intentarían convertir en victoria en los minutos restantes. No se consiguió, y el empate sabe agridulce, pese a tener un rival con muchos nombres pero poco juego en frente. Los rojillos deberán buscar tener más profundidad, ahora que la presión y el control del balón ya están automatizados. No ha sido un mal partido, pero en casa debemos crear muchas más oportunidades si queremos escalar hacia arriba en la tabla.
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