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jueves, 25 de octubre de 2007

3 puntos más

Me resulta muy complicado el realizar una crónica del partido de ayer del Madrid. Se mezclan en mi cabeza sentimientos, frustraciones, alegrías, y entre todo esto, y lo inverosímil del partido, no consigo sacar en claro nada.

Me perdí la primera media hora. Bueno, un 1-1 y ellos con uno menos, la cosa pinta bien aparentemente. De ahí al descanso me desespero una y doscientas veces con la banda izquierda. Robinho y Marcelo perdían balones por todas partes, intentaban individualidades con ninguna esperanza, no sacaban nada en claro. Sneijder estaba perdido en banda, como viene siendo costumbre el último mes. Raúl y Van Nistelrooy eran meros espectadores y tenían que bajar para intentar entrar en juego. Salgado, subía como una tortuga, de esas de la fábula, que cuando son constantes consiguen su objetivo, pero los defensas griegos no eran liebres perezosas, ni mucho menos. Lo único destacable en ese momento era el gran partido que estaba haciendo Gago, al que poca mención he visto en prensa esta mañana. Aparte, Guti estaba activo, y se perfilaba como el único con ideas para crear peligro.

Volvemos del descanso y jarra de agua fría. Despiste monumental defensivo a balón parado (es habitual, ya dije que hecharíamos de menos a Capello en aspectos como este), y un ex-madridista, Julio César para más inri, bate al bueno de Iker a placer.

Esto seguía sin preocuparme, pero los 25 minutos que vi después me desesperaron. Todo un repertorio de pases malos, perdidas de balones comprometidos, controles pésimos de jugadores brasileños, ausencia de ideas ofensivas abusando del balón colgado (mal en la mayoría de las ocasiones) y Sneijder seguía perdido. Entonces es cuando me reflexiono una y mil veces, en esos momentos de desesperación, si este equipo opta a algo. Si un equipo mediocre de Europa te acojona con uno menos en tu mismo estadio, no quiero verme en San Siro, Old Trafford o en el mismo Camp Nou. Me horroriza la idea.

Pero bueno, yo pese a todo esto sabía que remontar, remontaríamos. Llevo viendo al Madrid partido a partido todos estos últimos años y la historia me la sé. El balón acaba entrando, aunque sea a trompicones. Porque es un equipo mediocre, porque el Bernabeú es grande y porque, 90 minuti en el Bernabeú son molto longo. Y bueno, el gol de Robinho era para meterlo, llámese Robson da Souza o llámese Pepito de los Palotes.

Otra cosa es el efecto que este gol creó en el jugador. El desastre de partido que estaba haciendo se tornó en optimismo y motivación para el jugador. Se lo creyó y se atrevió a todo. Y cuando un jugador tiene confianza, y algo de condiciones, y sobre todo ganas, pues le sale. Y se inventó un penalty que pudo cerrar el partido. Pero Van the Man falló. A las nubes... Vuelta a empezar. Robinho siguió empeñado en que esa era su noche. Desequilibrando por banda y buscando la ocasión, el gol. Y en otro balón colgado, llegó un punterazo con toda la del mundo, de esos que meten los buenos jugadores de fútbol sala. En resumen, jugador clave de la noche.

Pero lo que un equipo grande no debe hacer es defender de una manera tan horrible. Un 2 contra 2 con el partido resuelto, y un remate a bocajarro de Kovacevic que solo alguien sacado de la película Matrix podría parar (Iker es un olograma, os lo juro) pudo haber dejado al Madrid con una cara de pasmado alucinante. El 4-2, simbólico, y para darle moral a otro chaval, Balboa.

Edgar García
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