Google

lunes, 29 de octubre de 2007

La misma historia y el mismo final


Tarde plácida otoñal en el Santiago Bernabeu. Llego tarde al estadio, y se oye un rumor de fondo. Había marcado el Depor y el Madrid volvía a tener un partido cuesta arriba en el minuto 2 de partido. Subo corriendo la torre, con las escaleras mecánicas paradas, y en una de tantas pantallas que hay en la subida, veo que Guardado le hace un infantil penalty al incombustible Ruud Van Nistelrooy. Llego corriendo al vomitorio 510-W y sólo puedo gritar el gol, porque llego justo cuando el balón está ya en las mallas. Acto de valentía el del holandés errante (valga la redundancia) tras el estropicio europeo ante el Olimpiakos.

Fácil. Fue lo que pensé. Con el 1-1 ya no habría problema alguno en darle la vuelta a la tortilla. Pero una vez más el que se supone iba a ser el equipo del "joga bonito" del alemán del bigote, decepciona, aburre, hace desesperarse al público. Higuain y Saviola no ofrecían nada de lo esperado, caían y no conseguían reponerse (va por ti Pipita). En el centro del campo, Gago con mucho terreno que cubrir y pocas ayudas. Guti con mucho que elaborar y pocas ideas. Marcelo y Salgado convertían sus ataques en murmullos de la grada, y en cada balón perdido comenzaba a recordarse lo bien que lo hacía Torres el año pasado, o la seguridad atrás del argentino Heinze.

El Depor, tocaba sin peligro, pero los despropósitos madridistas le invitaban a ponerse por delante en el marcador. No fue así. El equipo de Lotina tiene cierto potencial por explotar, pero si siguen con la inocencia actual creo que no van a disfrutar mucho de esta campaña. Si unimos esto a la "cagalitis" (con perdón de la expresión) del técnico (banquillo con Riki, Bodipo, Taborda, ¿para qué los quieres?) convierten a los blanquiazules en las monjas de la caridad de la categoría. Porque no se pueden fallar contraataques tan claros. Porque si sacas a Iker de su portería no puedes fallar un gol a puerta vacía. Porque así no se gana en el Bernabeu.

Sale Sneijder. Pero no es el mismo. Nos han mandando a su gemelo. Si bien es cierto que su situación en el campo desahogó el trabajo de Guti y Gago los cuales aumentaron el rendimiento considerablemente la segunda parte. Pero la clave fue la entrada de Raúl. Yo lo dije en el estadio: es como el Cid. Su sola presencia espoleó a la grada y a sus compañeros, con Guti y Robinho como máximos exponentes. El mal partido del brasileño se tornó en el comienzo de un curso de samba brasileña a distancia. Y Guti en un arquitecto de nivel mundial. Porque pagar una entrada merece la pena solo con ver los pases del primer y segundo gol. Especialmente el del segundo, cuando todos esperábamos una apertura a banda izquierda, incluso su mirada se dirigía allí. Pero optó por un pase interior a Robinho, que ni el público, ni la defensa, ni creo que el mismo Robinho hubieran imaginado. Robinho lo agradeció y quiso ponerle la guinda al pastel con una definición de altos quilates.



Lo del capitán es de estudiarlo. Sale y marca. No tocó muchos balones, pero llevó peligro en los pocos en los que entró en juego. Pero ya digo que para mí lo importante en realidad fue cómo influyo en el estado anímico de la parroquia y de los jugadores importantes del equipo. Es todo un enigma, pero os aseguro que es. Final, 3 puntos, mal juego, y a Valencia. Líderes, pero sin brillo. Queda mucho trabajo, querido Bernardo.

Fotos: Victor Sánchez Muñoz.
Publicar un comentario