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miércoles, 12 de diciembre de 2007

Un `no se qué' con sabor a jamón y a Champions


Se pongan como se pongan, no hay estadio como el Santiago Bernabéu. Sea una semifinal de Champions contra el Bayern o un partido de Copa contra el Gandía, el bocadillo de jamón siempre sabrá a Gento, Butragueño o Raúl; o mejor aún, a los tres juntos.

Esta noche tocaba jugar contra el/la Lazio (que elija cada uno el artículo que más le pique), equipo sin grandes nombres pero con ese ‘no se qué’ de los equipos italianos que les hace peligrosos. El ‘no se qué’ permite, por ejemplo, que tu portero pueda ser perfectamente el padre de Casillas, o que los nombres de tus estrellas (Pandev y Ledesma) parezcan sacados del peor equipo de la Liga Máster. No es mal invento el ‘no se qué’.

Eso sí, al bueno de Bernardo no le debe asustar mucho el ‘no se qué’ italiano, porque ha apostado por un once claramente ofensivo, en el que jugadores como Heinze o Gago se quedaron fuera para alegría de Marcelo o Baptista. No salió mal, pues pronto llegaron los goles. Baptista, Raúl y Robinho sellaron un triunfo apuntalado por Iker (siempre Iker), que detuvo un penalti en el último suspiro del partido. A ver cuanto tarda Marca en volver a llamarle ‘parapenaltis’.

Guti faltó, pero Sneijder cubrió bien el expediente. El holandés tiene toque y distribuye con bastante criterio. La afición lo agradece, y el juego a balón parado, aún más. Pero, esté uno u otro, es evidente que el objetivo es llegar a Ruud o al 7. Y para llegar a ellos, el camino más corto (y el más bonito) pasa por Brasil.

Y es que los mejores momentos de este Madrid llegan cuando el balón lo mueve Robinho. Su despertar futbolístico es ya una realidad. Tras un año de dudas, el 10 se dedica a hacer rotos dentro (y también fuera) del terreno de juego. Es refrescante verle en la banda, apoyado por su clon (Marcelo). La profundidad que le da Robinho a este Real Madrid no se la ha dado nadie desde la llegada de Luís Figo, y de eso hacía ya demasiado. El ‘Rey de la pedalada’ (y maratoniano consumidor de condones) se ha adueñado del balón. Los rivales ya no pueden con él. ¡Grande, chaval!

También me quito el sombrero con otro brasileño, este un poco más alto y menos juerguista. Julio Baptista ha demostrado en sus dos etapas en el equipo merengue que es un profesional como la copa de un pino. La afición respeta su trabajo y le tiene cariño. Su juego pide a gritos más minutos: los merece.

Arriba, por supuesto, impecables Raúl y ‘Van Gol’. Pero eso ya no es novedad desde hace mucho tiempo.

Otra cosa es el italiano ese de sonrisa sempiterna. Tras más de un año coleccionando errores, cualquiera que le vea jugar diría que es el hijo bastardo de Pavón. Bien haría Calderón en venderle al mejor postor (o al menos malo) y usar los beneficios para repescar a ‘Paquito’ Pavón (que por lo menos era español) y de paso comprar otro avión.

Porque, permítanme que me desvíe, lo del avión sí que me enfada. Yo no se cómo coño compran un avión que no puede volar por la noche porque hace demasiado ruido. Y van y le ponen de nombre ‘La Saeta’, que es ya como recordarle al pobre Di Stefano que está en las últimas.

En fin, con avión o sin avión, con Champions o sin ella, con el Lazio o la Lazio, con ‘Il Bello’ o con Pavón, a mi me encanta el fútbol y me encanta el Real Madrid. Pase lo que pase, una noche en el Bernabéu siempre será una noche en el Bernabéu y si es con jamón, mejor. Así sepa a Gento, Butragueño o Raúl.

Diego Sánchez de la Cruz, en colaboración con Tardes de Fútbol
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