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martes, 4 de diciembre de 2007

Viaje de ida y vuelta al pasado verdiblanco…


El arte de vencer
se aprende en las derrotas.
Simon Bolívar

Llega el puente y cada cual aquí vuelve a su sitio, con más o menos ganas… Pero un chico volverá a su casa especialmente cabizbajo. Cruzará Despeñaperros para volver a encontrarse la dura realidad de su equipo del alma. Sí, por si alguien lo dudaba, este amigo mío es del Betis, ese equipo capaz de lo mejor y de lo peor.

Pero no todo han sido penas en la reciente trayectoria del equipo de las trece barras. El viaje acaba de comenzar, y el sueño se apodera de mi amigo. Es entonces cuando recuerda la temporada 2004/2005, esa en la que un tal Doblas paraba hasta los trenes, y un desecho del Valencia marcaba todo lo que tocaba. Temporada para enmarcar, con victoria sobre el máximo rival en un derbi que determinaría los puestos champions (el Betis es el primer club andaluz en estar en Champions). Y eso por no mencionar la Copa del Rey. Quién le hubiera dicho a mi amigo que vería la Cibeles con bufanda verdiblanca al cuello. La emoción lo embarga cuando recuerda las miles de almas en el Calderón celebrando los goles de Oliveira y ese anti-héroe trianero de nombre Dani.

El verano tan gris en materia de fichajes lo eclipsa esa victoria en la previa de la Champions ante el Mónaco que permitiría pasear el manque pierda por toda Europa. He aquí una de las claves del actual estado del Betis: si entras en competiciones europeas, no puedes pretender crecer trayendo a jugadores como Juanlu o Nano, don Manué.

Y empieza una temporada que se las prometía cuanto menos ilusionante. Más desde el principio se ve que la flor que habitaba en la pradera verdiblanca se ha secado. Participación bastante correcta del equipo heliopolitano en la máxima competición europea-siete puntazos-, siendo dos los partidos que marcarán un antes y un después: la impresionante victoria sobre el Chelsea en el Ruiz de Lopera (gol del pícaro Dani, siempre Dani) y la derrota también en casa contra el Anderlecht. El primero no sólo es importante por la victoria en sí- que ya es bastante importante vencer a Abramovich y sus petrodólares- sino por la lesión de Oliveira. Un crack en la rodilla y un estadio mudo despiden al mejor delantero bético de los últimos tiempos (ya no volverá a querer vestir la zamarra albiverde). La derrota contra el Anderlecht marca el divorcio entre la afición bética y Lopera, al grito de “Lopera baja al campo y mete un gol” o el últimamente tan escuchado “Lopera vete ya”. Temporada desastrosa salvada por los pelos y que va a despedir también al mejor entrenador que haya tenido nunca el Betis: Lorenzo Serra Ferrer.

Sigue el viaje. El bus ha hecho una parada, y mi amigo aprovecha para tomar algo de beber. Estira las piernas, a la vez que rememora la última temporada, su última temporada como socio (la próxima vez que visite el campo lo hará como periodista). Y de ella sólo recuerda la decepción domingo tras domingo, la ineficacia de los fichajes que vinieron a sustituir a mitos del beticismo (Odonkor no es Joaquín, ni Sobis será nunca Oliveira) y a tres entrenadores: Irureta; quien no pudo reconstruir su Euro-Dépor a orillas del Guadalquivir, Luis Fernández; quien pasó de héroe a villano en apenas un puñado de jornadas, y Chaparro; ese Chaparro al que parece que se recurre cuando hay que impregnar de sentimiento a los mercenarios de la Palmera. Porque si alguien salvó al Betis en Santander, ése fue Chaparro, aparte de los dos goles de Edu, claro está.

Tras seis horas de viaje, parece que está llegando. ‘Qué bonita es la ciudad’, piensa mientras recuerda la ilusión que le volvió a embargar este verano cuando vino uno de sus entrenadores favoritos, ‘Sargento de hierro’ Cúper. “Pavone equivale a gol”, cree recordar haber leído en algún lado. Además, este año el equipo está más mentalizado, y parece que superará con holgura la fatigosa barrera de los cuarenta y tres puntos…

Pero tras catorce jornadas todo parece igual que el año pasado. Desde luego, lo fácil es decir que aún queda mucha Liga, y que con Chaparro las cosas pueden cambiar, pero no… El problema es mucho más profundo, y como en todas las épocas de la historia, sólo una revolución puede cambiar las cosas. Así que, béticos del universo, recen para que se produzca esa revolución tan ansiada, y que estemos vivos para verla…

Pepe Velasco de los Santos, nuevo colaborador de Tardes de Fútbol
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