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martes, 18 de noviembre de 2008

El espíritu de Cacho vuelve a Montjuic

Agosto de 1992. Apenas tenía 3 años pero guardo con un cariño inusitado los recuerdos de aquella calurosa tarde de verano. Toda la familia estaba reunida en torno al televisor. Fermín Cacho, soriano nacido en Ágreda, disputaba la final de los 1500 metros, en los JJOO de Barcelona. Nunca ningún español había logrado la victoria en la carrera de mediofondo, más propicia para atletas del Magreb que para Europeos. El Guerrouj y Morceli eran los reyes indiscutibles de la prueba. Pero... ¿por qué no? Con su típico tick característico, girando la cabeza para ver lo que se aproximaba detrás suyo. Con cientos de kilómetros trotados por las praderas del monte Valonsadero a sus espaldas. Con el aliento de Barcelona, de España, de toda Soria, Cacho tuvo fe, apretó los dientes, y en una recta final memorable de hizo con el oro olímpico. Una proeza.

Ayer el Numancia se acordó de Cacho. El Lluis Companys se presumía un estadio maldito para los rojillos: allí descendieron por última vez. Pese a todo es un estadio amigo. Sus aficionados siempre nos han tratado con mucho cariño y respeto. ¿Por qué? No lo sé, si les soy sinceros. Quizás por Pacheta, quizás por ese pedacito de corazón que el Numancia conquistó en la Copa del 96, que en muchos españolitos de bien sigue vivo. Quizás ese trozo sea más grande cuando el corazón es perico. Pero a lo que íbamos: todo se puso negro en la recta final. Tras una lucha constante durante 75 minutos, tras ponerse dos veces por delante gracias a Nagore y Goiria. Tras conceder otra vez dos goles en errores defensivos en jugadas de estrategia. Tras la persecución arbitral que se ceba cada año más con los modestos: 4 penaltis en 4 partidos, ¿también tenemos que jugar contra 12?. Tras todo esto el Numancia llegaba con desventaja al arreón final.

Barkero no se conformaba. Barkero tiene disparo, tiene técnica y es competitivo al máximo. Le pesan los años pero no escatima un ápice de esfuerzo a la hora de luchar por su equipo. Barkero tiene confianza en sí mismo, en el guante que tiene en su zurda. Y Barkero la clavó en la escuadra, como ya hiciera en el Bernabéu. El Numancia se puso a rebufo de los periquitos. A estos aún les quedaba gasolina para ganar en la 'foto finish'; el Numancia iba ya en la reserva. Pero por allí salió un valenciano, llamado Carlos Bellvis. Cogió un balón rechazado de su área, con todo el Espanyol volcado. Corrió, corrió y corrió. Fermín Cacho envidiaba su sprint desde la pantalla de su casa. Barkero le acompañaba, pero más en alma que en cuerpo. Bellvis pegó un pelotazo a la desesperada, y Kameni se la tragó. 3-4. El milagro se había obrado. El espíritu de Fermín Cacho había resurgido 16 años después.
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